
Una guía para padres
La enfermedad puede ser un tema delicado y difícil de abordar, especialmente cuando se trata de hablar con niños. La forma en que se comunica la enfermedad puede influir en cómo los niños procesan la información y cómo se sienten al respecto. En este artículo, exploraremos estrategias efectivas para hablar con los niños sobre la enfermedad, asegurando que se sientan apoyados y comprendidos.
1. ¿Qué hace una psicooncóloga y por qué es clave en el tratamiento del cáncer?
Como psicooncóloga en Bogotá, he acompañado a muchos pacientes y familias en sus procesos oncológicos, y puedo asegurar que el cuidado emocional no es un lujo ni un complemento, sino una necesidad. Mi trabajo consiste en apoyar integralmente a quienes reciben un diagnóstico de cáncer, desde el primer momento hasta cada etapa del tratamiento, incluso cuando el objetivo no es curar sino aliviar y acompañar.
La psicooncología es una especialidad que integra conocimientos médicos, psicológicos y humanos.
Está diseñada para cuidar el bienestar emocional, psicológico y relacional de los pacientes, trabajando siempre en coordinación con oncólogos, enfermeros, fisiatras y todo el equipo de salud.
A través de sesiones personalizadas, espacios grupales o familiares, ayudamos a procesar el diagnóstico, identificar fortalezas internas, aclarar dudas, contener emociones difíciles y fortalecer redes de apoyo.
Este trabajo va más allá de lo clínico. Es entrar al mundo emocional del paciente, comprender su historia, su contexto y sus miedos. Porque no tratamos un cáncer: acompañamos a una persona que enfrenta un proceso complejo, y que merece ser escuchada y sostenida en cada paso.
2. El impacto emocional del diagnóstico oncológico: miedo, negación y lucha.
Cuando una persona escucha por primera vez la palabra “cáncer”, se activa una tormenta emocional que rara vez se olvida. En mi práctica, he visto cómo esta noticia puede generar desde miedo paralizante hasta negación absoluta. Algunas personas entran en estado de shock, otras intentan encontrar una explicación inmediata, otras se aferran al deseo de luchar con todas sus fuerzas.
He aprendido que cada reacción es válida, porque cada historia es única. Lo que sí he notado con frecuencia es que muchas personas se sienten culpables por haberse enfermado. Llegan a creer que sus emociones, su carácter o incluso sus relaciones pasadas “provocaron” la enfermedad. Una parte esencial de mi trabajo es ayudarlas a desmitificar estas ideas. El cáncer es una condición multifactorial: hay factores genéticos, ambientales, biológicos. No es producto de una sola emoción o una experiencia concreta.
En nuestras sesiones, trabajamos con herramientas terapéuticas para afrontar estos pensamientos, validar el miedo, y empezar a construir una narrativa más compasiva. También hacemos una evaluación inicial muy completa para conocer sus recursos internos, sus estrategias de afrontamiento, su historia familiar, su red de apoyo. Así, podemos adaptar cada intervención a lo que realmente necesita en ese momento de su proceso.
Acompañar estas emociones desde el respeto, sin prisa y sin juicio, permite que cada persona encuentre su propia forma de transitar la enfermedad, con dignidad y autenticidad.
3. Palliative care, psicoterapia y acompañamiento familiar: un enfoque integral
Uno de los conceptos que más aclaro en consulta es el de los cuidados paliativos. Muchas personas creen que sólo se ofrecen al final de la vida, pero en realidad, los incluyo desde el inicio, especialmente cuando los síntomas afectan la calidad de vida o cuando hay un pronóstico incierto.
Mi objetivo es aliviar el sufrimiento desde todos los ángulos: físico, emocional, social y espiritual.
En ese camino, la psicoterapia juega un rol central. En ocasiones trabajamos de forma individual, otras veces en pareja o con la familia. Cada paciente necesita algo diferente. Lo importante es construir un espacio seguro, donde se puedan expresar dudas, miedos, enfados, esperanzas o simplemente silencio.
Utilizo mucho la psicoeducación como herramienta terapéutica. Enseño a los pacientes que no están “fallando” por sentir tristeza o ansiedad, que llorar no los hace débiles, y que tener miedo no es señal de rendirse. También trabajo con las familias para que puedan acompañar sin sentirse culpables, para que comprendan qué cambios emocionales esperar, y cómo cuidar sin agotarse.
He visto cómo el trabajo interdisciplinario hace toda la diferencia. Cuando el paciente se siente acompañado por su familia, su equipo médico y su terapeuta, su experiencia cambia radicalmente.
Se siente menos solo, menos confundido, y más sostenido en su humanidad.
4. Transformaciones físicas y autoestima: validando cada etapa del proceso
Una de las partes más sensibles del proceso oncológico es el cambio físico. La caída del cabello, las cicatrices, la pérdida de peso, una mastectomía… todo esto afecta profundamente la percepción que una persona tiene de sí misma. En mi consulta, escucho con frecuencia frases como “me siento irreconocible”, “ya no soy yo”, “perdí mi feminidad”, “nadie me va a ver igual”.
Estas emociones no son superficiales. Tienen un impacto real en la autoestima, en la vida íntima, en las relaciones sociales. Por eso, nunca minimizo el dolor que producen. Al contrario, lo valido y lo acompaño. Fortalecemos la autoimagen desde un enfoque compasivo, reconociendo que cada etapa del proceso puede ser dolorosa, pero también una oportunidad para resignificar el propio cuerpo y su historia.
A veces trabajamos con ejercicios de reconstrucción narrativa, otras veces con técnicas de afirmación, visualización o simplemente conversación abierta. El objetivo no es “verse bien”, sino sentirse válido con lo que se está viviendo. Comprender que la fuerza no siempre se ve como nos la han enseñado. Que ser fuerte también es permitirte quebrarte, reconstruirte y elegir cómo quieres vivir tu proceso.
5. ¿Cómo encontrar a la psicooncóloga ideal en Bogotá?
Buscar una psicooncóloga en Bogotá puede ser un paso clave en la vida de una persona con cáncer.
En un momento tan delicado, no basta con encontrar a alguien con un título. Es importante encontrar a alguien con formación clínica sólida, experiencia en oncología, y sobre todo, con la capacidad de escuchar sin juicio.
Yo recomendaría a cualquier persona que esté en esta búsqueda que tenga en cuenta algunos aspectos:
Que entienda que cada proceso es único y no hay soluciones universales.
En mi práctica, trato de ofrecer todo eso. Y lo hago porque sé, de primera mano, que atravesar el cáncer con apoyo emocional adecuado no solo cambia el proceso, sino que puede cambiar la vida.
Cierre
Ser psicooncóloga en Bogotá me ha enseñado que el cáncer no es solo una enfermedad física. Es una experiencia que atraviesa el alma, que toca a toda la familia, que cambia roles, que desafía la identidad, que transforma prioridades. Por eso, acompañarlo desde lo emocional no es una opción:
es parte del tratamiento.
Cada persona que acompaño me recuerda que hay tantas formas de ser fuerte como personas hay en el mundo. Y que la verdadera fortaleza no está en evitar el dolor, sino en decidir enfrentarlo acompañados, con herramientas, con compasión, y con el permiso de sentir.